9). Las "rondas" anteriores iban acercándose a las medidas actuales, pero el salto dado en ésta es cualitativo porque el Centro imperialista quiere y necesita abrir una nueva fase histórica del capitalismo en la que se integre, simultáneamente, una nueva forma o modelo de acumulación. En este sentido el GATT, que incluso cambiará de nombre como corresponde a la fase que abre junto con otras medidas e instituciones reformada como el FMI,ONU, etc, no es otra cosa que el encuadre de la nueva división mundial del trabajo que se está imponiendo a costa del arrasamiento de las capacidades productivas precapitalistas, capitalistas dependientes y postcapitalistas de todo el planeta. El GATT, con la ayuda brutal del resto de instituciones y fuerzas imperialistas, acelera y legaliza la destrucción de la mínima capacidad y autonomía económica y de comercio de los pueblos, naciones y Estados empobrecidos y dependientes. La liberalización total, la prohibición de raquíticos sistemas de protección y potenciación de lo propio, etc, van unidas a las exigencias férreas del FMI, a los "consejos" de cumplimiento obligado del BM, a la vigilancia amenazante de la ONU... Es ente contexto, las grandes corporaciones y transnacionales capitalistas, las fracciones poderosas pero no suficientemente mundializadas de las burguesías imperialistas y, por último, los propios bloques continentales imperialistas, pueden ya piratear y saquear a su antojo.
Dentro del GATT, fuera de todo intento de control democrático por parte de la humanidad, en sus despachos y gracias al monopolio de las telecomunicaciones, estas fracciones del Capital mundial, que todavía necesitan la protección de sus respectivos poderes imperialistas continentales, pero que también empiezan a desbordarlos y superarlos, estas fracciones negocian entre sí, ceden y pactan mutuamente según los problemas y usan a los pueblos como monedas de cambio, mercancías y bienes de trueque según sus conveniencias. Son conscientes de que el capitalismo se encuentra viviendo una transición crítica que afecta de diversos modos a cuatro grandes problemas, vistos siempre desde la perspectiva del GATT:
9-1). El proceso de mundialización productiva ha superado ya al poder de los Estados clásicos y obliga a las fracciones burguesas imperialistas menos transnacionalizadas a asegurar en lo posible sus poderes tras la continentalización de su Estado. El GATT sufre esta contradicción imparable interna de manera lacerante no sólo entre los diversos imperialismos y sus Estados, sino también entre las alianzas transnacionales extraestatales que cada vez más se rigen por la mundialización del beneficio. Por un lado, la mundialización creciente pero aún en período transicional; por otro, la tricontinentalización de los imperialismos y sus esfuerzos de control del caos mundial y último, la impunidad de la piratería financiera y el peligro creciente a un crash de la "economía de papel" y de la "burbuja financiera".
9-2). Estas contradicciones que azotan al GATT y al resto de instituciones imperialistas, no hacen sino multiplicar el afán sobreexplotador del Centro imperialista: se trata de una huida hacia adelante del capitalismo ansioso por acumular todo lo máximo y en el menor tiempo posible. La "ronda Uruguay" le permite ese acelerón suicida, es decir, es la solución parcial de hoy y el desastre global de mañana. Hay que decir que el problema no radica únicamente en la finita efectividad de esa estrategia sino en que no puede asegurar la recomposición sostenida de la tasa mundial de beneficio, que es de lo que se trata. Es una efectividad finita pues acelera la destrucción geométrica de los recursos totales y finitos del planeta: no puede existir una estrategia como la del GATT de crecimiento infinito en medio de un progresivo agotamiento de los recursos totales del planeta. La obtusa y egoísta mentalidad eurooccidental del desarrollo infinito es antagónicamente incompatible con la realidad de un mundo finito, cada vez más agotado, podrido, esquilmado y empequeñecido.
9-3). Las diversas mentiras justificatorias que ha ido oficializando el Centro imperialista sobre la viabilidad de un "desarrollo sostenible", son eso: mentiras. El GATT y todos los restantes planes internacionales de "salida de la crisis" son en realidad pieles de cordero diferentes puestas sobre el mismo lobo: la ciega e irracional lógica capitalista de la reproducción ampliada, del máximo beneficio. En 1944 y dentro de los "acuerdos" de Bretton Voods se oficializó el concepto de "desarrollo" porque en ese momento interesaba al imperialismo-USA. Más adelante, se le añadió el adjetivo de humano: era el "desarrollo humano" con aditivos de "democrático", "libre", etc, según las necesidades puntuales del imperialismo en su "guerra fría" contra la humanidad en su conjunto. La explosión alarmante e incontenible de la crisis ecológica obligó al Centro imperialista a introducir subrepticiamente el adjetivo de sostenible: era el "desarrollo sostenible" que aún se empecina en mantenerse cuando ya aparece en el horizonte de la propaganda imperialista la por ahora última innovación: "desarrollo socialmente sostenible". No es una casualidad el que la "ronda Uruguay", la Conferencia de Río de Janeiro, la actual reunión del Fondo Monetario Internacional en Madrid y los eventos que se avecinan sobre el Banco Mundial, la ONU, etc, todo este proceso sea simultáneo a la popularización alternativa del "desarrollo socialmente sostenible" y al olvido creciente del "desarrollo sostenible".
9-4). EL GATT y en concreto todo el mal llamado "Nuevo Orden Mundial" se encuentra así frente a una contradicción cualitativamente más grave que todas las padecidas anteriormente por el imperialismo y el modo de producción capitalista. La actual estrategia mundial de recuperación de la tasa de beneficio -que es de lo que se trata en realidad- choca con problemas estructurales tremendos: debilidad de la tasa de acumulación; debilidad y retraso mayor de lo esperado de innovación tecnológica; distanciamiento creciente entre sobreproducción y subconsumo; crisis fiscal estructural de los poderes burgueses; aumento exponencial de los costos totales de la producción como efecto de la imparable crisis ecológica; antagonismo entre sobrepoblación y subproducción alimentaria; creciente caos y peligro de estallido financiero, etc. Las discusiones interimperialistas no antagónicas -¿por ahora?- y las imposiciones del Centro imperialista a la Humanidad, con las resistencias que general, están surcadas por estas contradicciones.
10). Este panorama real y cierto del estado actual del modo de producción capitalista no debe llevarnos al error triunfalista de esperar su automático e ineluctable hundimiento. No podemos cometer nosotros los errores históricos de otras izquierdas precedentes. Es más, el Capital estudia con sumo interés viejos debates marxistas sobre la naturaleza de las crisis del capitalismo. Recordemos cómo en la Gran Crisis de finales de los 20, el Capital aprendió de la teoría marxista y de la práctica revolucionaria de las masas mundiales los dos grandes remedios que le permitieron abrir, tras la genocida y asesina IIª GM, una nueva fase histórica que ya ha concluido: ahora como entonces, intenta abrir otra fase histórica y para ello también estudia detenidamente la teoría marxista, en especial dos importantes temas: uno, el "derrumbe automático" del sistema efecto ineluctable de sus contradicciones internas o, por contra, la necesidad de una práctica revolucionaria mundial que le agudice conscientemente esas contradicciones y otro, la naturaleza de clase del fascismo, del militarismo y del autoritarismo dentro de la ficción democrático-parlamentaria burguesa. Naturalmente estudia a la vez enseñanzas y experiencias recientes y cómo integrarlas, tras desintegrarlas, en su mecánica de expansión.
La llamada "teoría del derrumbe", expuesta a grandes líneas, sostenía que la expansión capitalista tenía un límite interno insalvable: el que existe en su definitiva mundialización, es decir, cuando ya no queden espacios precapitalistas para absorber e integrar en la dinámica de explotación. Llegaría entonces el momento en el que la burguesía no podría abrir nuevos ciclos de acumulación ahogándose el capitalismo en su propia impotencia. La teoría contraria sostenía que, aún siendo cierta la tendencia histórica al estancamiento y materializándose de hecho, también existían contratendencias, medidas tácticas y soluciones estratégicas burguesas capaces de detener la caída e incluso de impulsar una recuperación. La intelectualidad capitalista las estudia concienzudamente: dos de ellas ya las aplicó a finales de los 40. Hoy, además de mejorarlas, aplica otras que no introdujo pues la mundialización no estaba tan desarrollada como ahora aunque los marxistas las habían asentado teóricamente: potenciación y búsqueda de nuevas ramas productivas, cambios en las jerarquías interimperialistas y reordenaciones de los espacios productivos, derrotas severísimas de las masas oprimidas, etc.
La otra discusión marxista de la que el Capital intenta aprender se dio veinte años más tarde que el debate sobre las crisis pero entronca en él al tratarse de una de las soluciones salvadoras del sistema: el fascismo, su estructura psíquica de masas, su racismo, su disciplina sado-masoquista, su exaltación de la familia, etc. Mientras que una corriente oficialmente marxista despreciaba todas esas realidades de fondo, materiales y simbólicas, reduciendo el fascismo a un problema secundario y pasajero de alianzas tácticas entre fuerzas políticas en decadencia, la otra corriente -excomulgada y perseguida por el dogma- insistía en la novedad cualitativa del fascismo, su compleja y amplia fuerza irracional de aglutinación, su odio asesino a la revolución y fidelidad de clase al Capital. Muchas de las potencialidades teóricas existentes en esta segunda corriente han permanecido paralizadas por diversas razones que no podemos explicar. Hoy, el Capital activa con sus instrumentos propagandísticos comportamientos político-irracionales internos al fascismo pero que se materializan -¿por ahora?- con formas "blandas". El reformismo y la débil izquierda actuales apenas comprenden la alarmante actualidad de las aportaciones teóricas que entonces se hicieron.
La nueva fase histórica que está abriendo la burguesía quiere integrar estas y otras lecciones. La reordenación de la jerarquía interimperialista, el desarrollo de nuevas tecnologías y ramas productivas, los cambios en las instituciones mundiales, la potenciación premeditada del fascismo y racismo, el fortalecimiento de la familia y del autoritarismo patriarcal, semejantes ataques represivos no se dieron en el final de los 40 porque no eran necesarios. Ahora lo son y el capitalismo amplía y perfecciona sus instrumentos. Pero esta ofensiva nos plantea una duda: ¿cuánto tiempo resistirán estas organizaciones y las políticas que aplican?. La respuesta debe partir de dos consideraciones: una, el extremo desorden imperialista es efecto del agitado caos del sistema capitalista, producto de las fuertes contradicciones que le corroen y de la acumulación de problemas irresueltos y, por ahora, de muy difícil resolución. Otra, ese desorden va unido al aumento de tensiones sociales explosivas que aun desvertebradas e incomunicadas suponen serios peligros potenciales. Ambas problemáticas dan pie a la intervención revolucionaria pero también a la contrarrevolucionaria. Precisamente ésta segunda es consustancial al mal llamado "Nuevo Orden Mundial" y muy concretamente, a toda la práctica y filosofía del GATT. Puestas así las cosas, el futuro del GATT depende de la evolución del choque entre las fuerzas revolucionarias y contrarrevolucionarias. La base de fuego y miseria está, por desgracia, asegurada. En el infierno mundial que aumenta su tormentos, el GATT aparece como una sofisticada nueva tecnología del terror absoluto.